Además, dentro del programa de artes escénicas hoy se han iniciado los combates del Torneo de Dramaturgia y Amaral y León Benavente han puesto el cierre musical al día

Novela negra, humor, literatura LGTBI centran la agenda de una nueva jornada en la FIL

CULTURA 1 de diciembre de 2017

FIL

En esa decisión de abordar la literatura desde todas las ópticas y en todos sus géneros, el programa de Ganarás la luz ha abierto el ágora del Pabellón de Madrid al humor, la novela negra, y la literatura LGTBI, además de poner sobre la mesa del debate la diferencia entre éxito y fama.

En lugar de ira, risa. Bajo el título Las uvas de la risa: el humor en la narrativa, Vicente Molina Foix, autor dramático, crítico y director de cine, ha dialogado con Mercedes Cebrián, escritora y columnista, sobre la consideración de la novela humorística frente a la novela dramática; el humor como algo intrínseco a una manera de escribir y no como un aderezo a la literatura habitual; la capacidad de simultanear tragedia y humor en un mismo momento de una obra; la combinación de poesía y humor y los límites de ese humor. Molina Foix ha dejado claro desde el principio que el “humor es algo distinto de lo cómico”. Para él es una manera de entender la vida, de mirar, de crear. “Me he encontrado con autores que se refieren a la creación literaria como un parto, como algo doloroso. Para mí es un acto gozoso, independientemente del tipo de novela que esté escribiendo”, dijo.

Tanto Cebrián como Molina Foix coincidieron en que la risa está menos considerada que la lágrima. Pasa en la literatura, pasa en el cine. “Rara vez –constató Molina Foix- se ha dado un Oscar a una comedia, a pesar de producirse tantas”. “Humor se asocia a ligereza y yo estoy muy en contra”, señalo Cebrián.

¿Tiene límites el humor? Según Cebrián esas líneas rojas “van cambiando según las coordenadas de cada época. De qué se ríe una comunidad es un termómetro de cómo está la sociedad. Hay humores nacionales. El humor refuerza la pertenencia”. Para Molina Foix, el referente es Chaplin. “Hizo humor de la explotación laboral, de la política autoritaria, del desamor. A partir de ahí el cine ha hecho comedia pero con límites”

Madrid Insurgente: LGTBI
Una de las tres mesas que componen Madrid Insurgente está dedicada a la literatura LGTBI. El formato es novedoso. Un invitado plantea una acusación, otro cuenta una historia en el formato que quiera y el tercero lo dibuja en directo.

La acusación de hoy la realizó Luisgé Martín. Iba dirigida a todos los sectores de la sociedad que, en un momento determinado de la historia, han ejercido cualquier forma de homofobia y discriminación o planteado privar al colectivo LGTBI de su identidad y libertad para amar. No se libró el clero. No se libraron los conservadores. Tampoco los revolucionarios marxistas o de cualquier otro tipo, ni los médicos, ni los maestros, ni los padres, ni los amantes del revés que se casaron del derecho, ni los homosexuales que buscan una mujer, ni los que miraron a otro lado, ni los verdugos, la policía ni soldados. Tampoco quienes hacen bullying a menores o los que creen que hay daño en el besar. La acusación precedía a una confesión: él mismo no quería revelar su condición de homosexual y aprendió a fingir que el sexo no le interesaba o que tenía una vida oscura y mujeriega. Pero Madrid es “una ciudad donde se puede respirar y vivir rodeado de tolerancia”. Y fue en Chueca donde empezó a generarse literatura LGTBI a través de la librería Berkana y la editorial Egales. Ante la disyuntiva entre literatura del dolor y de la felicidad, la literatura gay necesita, para él, reivindicar esa última.

La narración de la historia corrió a cargo de Fernando López. A través del baile relató la realidad de muchos países en los que se realizan análisis anales para condenar a los homosexuales reincidentes. También habló de su libro sobre flamenco y homosexualidad y cómo muchos bailarines en sus espectáculos tenían que demostrar lo que era ser hombre conforme a los cánones establecidos y cómo sin embargo se encuentran relatos contrarios que son interesantes.

Aitor Saraiba pintó sobre dos lienzos el rostro de un hombre y el mensaje: “Yo a ti te voy a querer toda la vida.” También contó la historia de su libro El hijo del legionario en el que relata su vida en un barrio en el que se supone que no existían homosexuales y con un padre legionario que ha definido como “ejemplar”.

Malas intenciones, novela negra
La novela negra si algo ha tenido en España es un repunte insospechado en los últimos años. Ahora es “casi el género central en el mundo literario, pero antes no era así. En 1995 yo solo recibía menosprecio por mis novelas policíacas. Me decían que en España el género tenía poco desarrollo”. La constatación es de Lorenzo Silva, uno de los referentes españoles de ese género durante el debate que ha mantenido con otra escritora madrileña, Marta Sanz. Dos razones subyacen en el origen de ese auge. La primera comercial “que explota en España justo con el lanzamiento de la saga Millenium. Cuando los autores españoles vieron que estas novelas pulverizaban el mercado, se lanzaron a ello”. La otra está directamente relacionada, desde hace una década, con la crisis del sistema económico, productivo y los conflictos internacionales, situaciones en las que, según Silva, “siempre hay conductas delictivas jugosas”.

La clave del éxito obtenido por este género está para Marta Sanz en que “es un campo perfecto para ofrecer entretenimiento, a la vez que el lector se siente cómodo en el cumplimiento de sus obligaciones morales y cívicas”.

Fama y éxito
Y un debate no sobre género sino sobre el reconocimiento a los autores. ¿Hay diferencia entre el éxito y la fama? El escritor Ray Lóriga afirma que sí. Para él hay dos formas de reconocimiento público: la que proviene de la gente del mundo de la literatura, incluidos los críticos, y el reconocimiento popular, cuando una cara es reconocida por el público. Son dos vertientes que trazan la diferencia: “La fama es un coñazo. No es que tenga un precio, es que el precio del éxito literario es la fama”. La aspiración de todo escritor es el éxito, un concepto sólido y duradero, a diferencia de la fama que es efímera.

Loreto Sesma, cuyos poemas se dan dado a conocer a través de YouTube, coincide con Loriga: “El éxito es subjetivo y tiene que ver con conseguir una trayectoria literaria. La fama se basa el número de seguidores. Yo lo llevo bien. Tengo una vida normal, estudio mi carrera y no he vivido situaciones de agobio”.

Para Manuel Rodríguez Rivero, editor, comentarista cultural y crítico, “los escritores crean estrategias y el éxito es conseguir los objetivos de esas estrategias. En ellas influyen tanto condiciones internas como externas”. En las primeras, incluye la estética de la obra, el discurso del autor, las formas en la que presentan sus creaciones, el proceso de cómo lo desarrollan. Las externas son los premios, la invitación a ferias y eventos destacados, las buenas críticas literarias”. /

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